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Los números de 2010

2 enero, 2011

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

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Un duende de estadísticas ha creado esta pintura abstracta, inspirada en tus estadísticas.

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 3,300 veces en 2010. Eso son alrededor de 8 Boeings 747-400.

 

En 2010, publicaste 38 entradas nuevas, ¡nada mal para el primer año! Subiste 32 imágenes, ocupando un total de 9mb. Eso son alrededor de 3 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 27 de abril con 50 visitas. La entrada más popular de ese día fue En blanco y negro.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran facebook.com, tuenti.com, mail.live.com, conejosatutiplen.blogspot.com y google.es.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por haciendo el toronto, haciendoeltoronto, megan fox sin nada de ropa, haciendo toronto y chicas fox.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

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En blanco y negro abril, 2010
2 comentários

2

La Taberna de Morgan febrero, 2010
2 comentários

3

Freakcionario abril, 2010

4

Descubriendo el Nuevo Mundo marzo, 2010
2 comentários

5

En las arenas de la imaginación abril, 2010
3 comentários

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Epílogo

26 diciembre, 2010

Y  digo adiós, adiós, adiós,
cojo mi sombrero y pido,
Un taxi para la estación.

 

Cinco días. CINCO. Es lo que tardé en llegar de Toronto a Pamplona.

Todo empezó el viernes pasado cuando tenía programada mi salida a las 18:00 horas, hora local. Llego al aeropuerto (muy bien acompañado, por cierto) con tres horas de tiempo como mandan los preceptos aplicables a estos casos. Cuando llegamos vemos que el vuelo se ha retrasado hora y media. No es gran cosa, pero lo suficiente para perder la conexión en Londres. Nos ponemos a la cola y… dos horas después nos atiende la chica del mostrador. Efectivamente, perderé la conexión en Londres, así que me mandarán de ahí a Barcelona en vez de Madrid para no tener que hacer noche en la capital británica. Eso sí, tendrá usted que ir a la ventanilla de al lado para que le den los nuevos billetes.

 

Bueno, sólo hay cuatro personas delante mía, no puede ser para tanto. Hora y media después ya había perdido mi vuelo y seguía en la cola. ¡Genial! Menos mal que a la sureña se le ocurrió ir a protestar…

Así que me dan el siguiente vuelo, el de las 20:00 horas, hora local, que se ha retrasado a las 2:00 del día siguente. La buena noticia es que en el mostrador conocemos una chica que viaja a Madrid, así que tendré compañía para el resto del viaje.

 

A las 3:00 horas, hora local despegamos rumbo a Londres, donde haremos escala y luego a Barcelona. Seis horas después despierto con el anuncio del capitán diciendo que hemos llegado. Bienvenidos al Aeropuerto “Internacional” de Shannon, en la región de El Culo del Mundo, Irlanda. ¿Disculpe?

El aeropuerto de Londres (Heathrow, para más señas) se ha cerrado debido al “temporal” (en mi pueblo a eso lo llamamos “invierno”), así que esperaremos a que nos digan qué hacer… Una hora después salimos del avión, y una hora más tarde cogemos un autobús hacia un hotel. Hotel que está lleno, por supuesto, así que de nuevo al autobús y al siguiente.

En este tendremos más suerte, nos dan una habitación y algo de cenar. Una ducha calentita y a la cama.

 

Al día siguiente (domingo) descansar del jet-lag y empezar a informarse. Londres está colapsado. Si nos dan un vuelo (que tampoco nos dicen si nos lo darán) será en 1-2 días y para salir de Londres a Madrid (o donde sea) serán otros 1-2 días. Así que mejor mirar alternativas. Compramos billetes para el tren a Dublin (en la otra punta de la Isla) y un vuelo Dublin-Madrid. Parece que están saliendo bien los vuelos y que no habrá problemas.

 

Al día siguiente nos recorremos Irlanda de punta a punta. El sol brilla y el cielo azul nos da esperanzas de un buen viaje. Hasta que llegamos a Dublin, claro. Ahí las nubes negras nos esperan, amenazantes. “Bueno, podría ser peor. Podría nevar”.

Después de facturar las maletas empieza. Copos pequeños y no demasiado abundantes, y además el sol sigue brillando así que no cuaja, por suerte. Cuando para vamos a comer algo y nos volvemos a asomar a la ventana: una de las mayores nevadas de la historia reciente de Irlanda. Y empieza a cuajar rápido.

 

Bueno será mejor ir a la puerta de embarque a ver que nos dicen. Cuando llegamos ya ha parado y vuelve a brillar el sol (???), parece que no hay retrasos y todo va a salir bien. A no ser que vuelva a empezar a nevar, claro.

Y nada más montarnos en el avión vuelve a empezar. Por suerte nos rocían con anticongelante y salimos de ese frío infierno para llegar a Madrid. El último vuelo antes de que se cerrase el aeropuerto, el nuestro.

 

Los padres de mi acompañante me llevan en coche hasta mi refugio provisional (¡gracias Hari!) y al día siguiente un tren a Pamplona. ¡Prueba superada!

 

Así que llegué el martes y, desde entonces, cenas con amigos y familiares, reencuentros con todo el mundo y celebraciones navideñas. Muy contento y alegre, pero falta algo.

Faltan todos los torontianos que ahora están dispersos por el mundo pero a los que, antes o después, volveré a ver (¡Gracias chicos por estos 9 meses!)

Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo:

 

FIN

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Ontario Jones y la Montaña de Hielo

15 diciembre, 2010

This is the end
Beautiful friend
This is the end
My only friend, the end

 

Suena la canción de The Doors mientras escribo esta entrada. La última antes de que caiga el telón, antes de cerrar el garito. ¡Una última ronda!

 

Como si se tratase de una buena película la aventura canadiense termina in crescendo. Sin fuegos de artificio pero con risas y abrazos. Con recuerdos compartidos y vivencias inolvidables.

 

La semana pasada comenzó como deberían empezar todas: con un lunes festivo. Relax y descanso. Esos días que te aptecece quedarte en la cama mientras fuera hace frío.

 

Y poco después el miércoles. Primero una sorpresa: ¡cesta de Navidad para todos los de la ofi! Jamoncito, queso, chorizo, turrones… Como dicen por el sur: “¡Olé, olé, olé!”

Y después comida navideña en uno de los mejores restaurantes de Canadá, cortesía del jefe. Ensaladitas, ostras (¡Ostrás!), paté y de segundo salmón. Mmmm…

Para dejar un buen sabor de boca, sí señor.

 

Y el viernes rumbo a Muskoka, cerca de Algonquin Park, con el resto de becarios.

Salimos pronto, pero el atasco habitual nos hace retrasarnos mucho. Conforme nos alejamos de la ciudad los campos se tiñen de blanco, cubiertos por una capa de azucar glass. Por suerte las carreteras están bien y nos permiten ir avanzando a buen ritmo.

Y llegamos a nuestro Cottage (casa rural en cristiano). Rodeada de oscuridad a pesar de encontrase a pocos metros de la carretera y acompañada por sólo otro puñado de casas (tan sólo una de ellas ocupada). Entramos, nos acomodamos. Y encendemos la chimenea. Nada mejor que el calor del hogar para una buena velada. El calor del hogar y unas cervecitas.

La luz del sábado nos descubre las vistas desde nuestro salón: un lago helado rodeado de un millar de pinos, cubiertos de nieve. Un paisaje tranquilo, calmado, Donde se respria el frío del invierno y el calor de la navidad.

Esa mañana aprovechamos para recorrer un sendero de las cercanías. Atravesando un bosque helado, sacado de alguna página de un libro de fantasía, llegamos a uno de los parajes más bonitos que puede ofrecer Canadá:

Unas cascadas rodeadas de pinos cubiertos de nieve y hielo. El frío corta la respriación, o tal vez sea la belleza del lugar.

Después de apreciarlo debidamente y sacar fotos, seguimos caminando por el bosque. Como un cuento de navidad.

Volvemos a comer a la casa, especial mención a la paella de nuestro cocinero, un descanso y otro paseo antes de cenar.

 

El domingo amanece con una fuerte tormenta de nive, que nos hace plantearnos si volver o no. Por el momento sacamos el coche a la carretera, apartando los 30 centímetros de nieve que bloquean las ruedas. Comida ligera y rumbo a Toronto.

 

A pesar de la nieve, podemos volver. Lentos, pero seguros. Mientras fuera ruge el viento y el frío.

 

Quisiera señalar que cuando digo frío, es FRÍO. Esta semana se han registrado temperaturas en torno a los 13º bajo cero (de camino al trabajo) con sensación térmica (por eso del viento) de -27º. Fresco, que dicen en Bilbo.

 

Y esta semana despedidas, maletas, aviones. Así he visto las cosas. Así se las he contado.

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Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo:

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Ho, ho, ho

9 diciembre, 2010

It was December 24th on Hollis Ave in the dark
When I seen a man chilling with his dog in the park
I approached very slowly with my heart full of fear
Looked at his dog, oh my God, an ill reindeer

 

Llega el frío, las navidades y los villancicos. Como este que le pone Argyle a McClane mientras le lleva en la limusina.

 

Y también llegan las despedidas. Este último mes ha sido un constante goteo de gente que vuelve. Gente con la que he compartido mucho tiempo, y buenos recuerdos. Y esto hace que la ciudad parezca más fría que de costumbre. Eso o que las temperaturas rozan lo absurdo (hoy teníamos -13º, aunque por suerte sin viento).

 

Pero los torontonianos luchan contra el abatimiento invernal dándole gran importancia a las Navidades. Escaparates decorados, árboles con adornos, luces y villancicos. Un mercadillo navideño y gente patinando sobre hielo. Hace ya un mes que fue la célebre cabalgata de Santa y las tiendas rebosan de gente, mientras que en la calle todos van con prisas intentando escaparse del frío.

 

Y a mí me queda una semana. Una semana en la que me voy de Cottage, en la que quedan despedidas, trabajo, maletas por preparar… Una semana movida, en definitiva. Y luego…

Bueno, ya se verá que pasa luego. De momento a disfrutar de lo que tenemos y ¡¡feliz navidad a tod@s!!

 

Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo:

 

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Barras y Estrellas

19 noviembre, 2010

Out here in the fields
I fight for my meals
I get my back into my living.

Con el Baba O´Riley de The Who comienza CSI NY y también esta entrada sobre mi última visita a esta ciudad.

El jueves pasado se celebró en Canadá el Remembrance Day, día en recuerdo a los veteranos y, más importante, día festivo para mí. Así que aproveché a cogerme libre el viernes y bajar de nuevo a la Gran Manzana.

Después de 10 horas de autobús (esta vez no se perdió) llegué a NY y, cómo hasta las 3 Bertín no salía del trabajo, me dediqué a dar un paseo por Central Park. Los colores habían cambiando, a un tono más ocre, y las pistas de hielo estaban ya siendo disfrutadas por patinadores, pero la esencia del parque seguía intacta.

Después, a comer (ha sido un viaje de COMER y BEBER, fundamentalmente) al Jackson´s Hole, recomendado por El hijo del Riesgo por sus buenas hamburguesas. Y la verdad es que no decepcionan.

A la tarde un paseo hasta Brooklyn, ver el atardecer a la vera del Hudson, junto al famoso puente. Y como después no había nada mejor que hacer, a beber y comer (Alitas de pollo a 20 centavos la unidad, pintas a 3 dólares y, posteriormente, pitcher de cerveza y 4 perritos por 4 dólares). Y a las 12 a casa a descansar (bueno, va, antes otra cervecita, hombre).

El viernes aproveché la mañana para bajarme por el parque que recorre la zona oeste de Manhattan hasta el USS Intrepid (un portaviones de la WWII). Un buen paseo de un par de horas. Lo justo para bajar una comilona y abrir el apetito. Comer en un chino y vuelta a quedar.

Intento frustrado de conseguir entradas para el musical de El Rey León y posterior paseo por Manhattan (por fín conseguí entrar en la Biblioteca Municipal)  y por la zona de Chelsea (el barrio con más ambiente de la ciudad). Ahí nos juntamos con el resto del grupo “road trip”. Cena en un japonés (bueno, bueno y muy barato) y salir de bares.

El sábado, madrugón (a eso de las 10:30) para ir a Liberty Islan (la isla donde está la estatua, vamos) y Ellis Island (a donde llegaban los inmigrantes europeos). Entre pitos y flautas (entre colas y charlas) nos pasamos ahí mañana y media así que hasta las 5 no pudimos ir a comer. Fuimos a un sitio (¡¡no consigo recordar el nombre!! A ver si algún alma caritativa se digna en ponerlo en los comentarios…) con unas hamburguesas… WOW. Alitas de pollo del tamaño de mis manos y unas costillas “de brontosaurio”… Ufff.

Con eso ya teníamos comida, cena y desayuno para el día siguiente.

El domingo, día del Señor, nos fuimos hacia el norte a ver una misa con música Gospel. ¡Qué expectáculo! Estos señores (y señoras) sí que saben vender la religión. En vez de un hombre mu serio diciéndote que has sido muy, muy malo desde antes de nacer, esta gente tan amable y feliz te dicen que Dios te quiere y hay que celebrarlo. Déjate de penitencias y ven con nosotros a cantar a nuestro Señor. ¡Cómo lo viven!

De ahí a Queens, comer y poco más. Recoger las cosas y de nuevo para Toronto, que llego a las 7 de la mañana y a las 9 hay que estar dando el callo.

Y esta semana a dieta que hay que bajar todo eso.

Por cierto que el título viene por: “¿Barras y Estrellas? Las Barras son los instrumentos con el que hacen ver las Estrellas a los pueblos oprimidos durante generaciones”. Bueno, que los yanquis también tienen sus cosas buenas…

Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo:

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Cabalgando por el Lejano Oeste (Episodio II)

29 octubre, 2010

Wheel in the sky keeps on turnin´
I don´t know where I´ll be tomorrow
Wheel in the sky keeps on turnin´

Ya son menos veinte, la hora del ambiente. Mientras suena la 20 (que es la nueva 3) y el coche sigue gastando millas y combustible en su afán por alcanzar su destino.

Día 4: Dejamos atrás Vegas, un oasis de pecado en un desierto de tranquilidad, rumbo hacia Death Valley, el Valle de la Muerte. Pasamos por la base aérea de Nellis, donde se encuentra el área 51.

Repostamos gasolina (en una gasolinera, no en la base) y nos disponemos a entrar en una de las zonas más áridas y calientes del planeta. Y una de las más hermosas.

Subiendo al Dante´s point se tiene una vista espectacular de la zona. El nombre parece querer recordarnos que hemos dejado abajo el infierno ardiente del desierto y estamos de camino hacia el cielo, donde una brisa suave nos anuncia las mieles del paraíso mientras parece susurrar a nuestro oído: “Beatriz…”

Pero nuestro camino es diferente al de Dante, así que bajamos de nuevo a la desoladora llanura para recorrer la carretera que discurre junto a las llanuras de sal.

Tras las fotos de rigor, y pasando por el Devil´s Course (el campo de golf del Demonio) seguimos hasta las dunas de arena a ver anochecer. La bajada de la temperatura nos sorprende de nuevo anunciándonos que es hora de seguir el camino.

Aprovechamos la noche cerrada en el desierto para ver las estrellas (¿o acaso son ellas las que nos vigilan a nosotros?) y seguimos hasta Bishop donde nos espera el motel.

Día 5: atrás dejamos el desierto para adentrarnos en Sierra Nevada (la de América, no la otra) hacia el Parque Nacional de Yosemite. Ahí vemos bosques frondosos, lagos cristalinos, nieve… Un lugar excelente para hacer excursiones, así que dejamos el coche y visitamos algunos de sus rincones. Por desgracia habría que pasar una semana para poder visitar todo el parque. Así que, tras ver las enormes caídas de agua, unos cuantos ciervos y hacer un par de rutas, volvemos a la carretera hasta Virgina Creek Settleman, un hotelito en medio de la nada. Una preciosidad de sitio junto a un río de agua fresca que baja de las montañas adentrándose en el desierto.

Día 6: estamos en California, en el lejano Oeste. Cogemos nuestras monturas hasta Bodie, un pueblo minero. Al llegar una alegre joven nos da la bienvenida y nos explica la historia del pueblo. Parece que la fiebre del oro ha afectado a muchos de sus habitantes que han venido, como nosotros, en busca de fortuna. Recorremos sus calles polvorientas visitando el Saloon, la barbería, la prisión, la estación de bomberos… Parece que la ciudad goza de buena salud. Pero hay quien la suerte del pueblo está por cambiar, que para el año 2010 esto será un pueblo fantasma y los turistas que vengan sólo verán la sombra del brillo de esta ciudad. ¡Bah! Todavía queda para eso…

Y llegamos a San Francisco…

Día 7: ¡San Francisco! Hora de recorrer sus calles, sus cuestas y sus curvas. Tomamos el tranvía, paseamos por el puerto, vemos sus puntos más emblemáticos (¡dioses! Esta casa se parece a la de Padres Forzosos…). Comemos en el puerto, cenamos en The cheesecake factory. Pero todavía dejamos cosas por ver.

Día 8: ya falta poco para volver, pero todavía nos queda tiempo. Cogemos el coche y ponemos rumbo al Golden Gate, tal vez el mayor icono de Mapfre y, por qué no, de esta ciudad. Fotos y más fotos. Al puente, a la bahía, a la Isla del Tesoro… Y seguimos hasta Sausalito. Una pequeña localidad para gente pudiente (ricachones, vamos) donde dar un paseo, tomar un café (o un té con sabor a natillas aguadas) y seguir adelante.

Hasta Muir Woods, el parque natural de San Francisco. Tras aparcar el coche y ver la parte cercana a la entrada, nos dividimos en dos grupos. El grupo Soso se queda viendo la zona baja mientras que “El Hijo del Riesgo” y un servidor nos vamos a hacer senderismo. Subimos un monte, (o dos si son pequeños) y disfrutamos de las vistas. Como ya hemos gastado la mitad del tiempo nos disponemos a bajar. Nos perdemos un poco pero un amable tipejo nos orienta (acompañando sus explicaciones con gesticulaciones absurdas) y llegamos a tiempo al punto de reunión.

De ahí a comer que ya hemos hecho hambre y a seguir. Visitamos el Castro (que, como diría Fidel en su versión más amarilla: “¿está llena de ¡¡qué!!?”) y Japan-town.

Día 9: nuestro último día de viaje, así que toca aprovecharlo. Por la mañana temprano (muy temprano) vamos a Alcatraz. La Roca. Eso sí, sin tener que entrar por la sala de la cisterna ni colarnos por los túneles. Y salir está ahora fácil, ya no necesitas una cuchara y mucha paciencia. Lastima el clima, empieza a llover, pero bueno, tampoco nos fastidia demasiado la visita.

De ahí al aeropuerto, dejamos a la mitad de la tropa y, para hacer tiempo nos vamos de compras. Apretando un poco la mochila, ahí tiene que caber más ropa…

Cogemos el avión y volamos de nuevo a Toronto. Una hora de descanso y ¡a trabajar!

The End

Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo:

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Cabalgando por el Lejano Oeste (Episodio I)

22 octubre, 2010

Carry on my wayward son
There’ll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Don’t you cry no more

Son y veinte, la hora del ambiente. Mientras suena la pista 3, el coche va recorriendo millas, mientras la línea discontinua de la carretera pasa a nuestro lado a ritmo constante.

El viaje comenzó de forma un tanto accidentada: de camino al aeropuerto me di cuenta de que me había dejado los billetes (y toda la información recopilada) en la oficina. Bueno, que no son necesarios, que con el pasaporte vale…

Llegamos al aeropuerto, vamos al Check-in y que como mi pasaporte caduca en diciembre me dice que no puedo volar, que los de aduanas no me van a dejar pasar. Genial. Haciendo uso de mi encantadora personalidad le convenzo de que ya me las apañaré con los de adunas, que me diese el billete. ¡Prueba superada!

Llegamos a adunas y sin ningún problema pasamos a la zona de espera. Y como no podía ser de otra forma, el avión se retrasa. Lo justo para andar con prisas en el transbordo.

Volamos a Atlanta, corriendo a la puerta de embarque. Llegamos a tiempo. Con MUCHO tiempo (salimos tarde y llegamos pronto, menudo piloto). Cogemos el nuevo avión y llegamos a nuestro punto de salida: Phoenix.

Ahora falta contactar con el resto del grupo que volaba desde New York. ¿Y el número de teléfono? Pues yo no lo tengo. Estooo, a ver si probando con el número español… nada. ¡Eh! ¡Un momento! La primera llamada que recibí con mi chinófono fue de uno de ellos, a ver si sigue en la memoria… ¡funciona! Nos reunimos en el motel. Dormimos para empezar el viaje con energías.

Día 1: ¡A por el coche! Salimos del Motel y vemos el desierto que rodea Phoenix: arena roja y cactus por doquier. Vamos al Rent a Car a por el coche, nos enseña la foto y en ese maletero no cabe ni una bolsa de la compra, habrá que coger otro mayor. ¡Ah! Y que los impuestos no estaban incluidos en el precio… a pagar el doble. Y la tarjeta de crédito de la suereña que no funciona, yo no puedo alquilar el coche por ser menor de 25 años (podría pero pagando un pastucio) así que a llamar a los refuerzos. Una hora después salimos de Phoenix, dejamos atrás los problemas y por delante sólo nos queda carretera y nuevas experiencias.

Lo primero que vemos son los desiertos de Sedona, enormes formaciones de roca rojiza con algunos arbustos y en los cuales se recorta la figura de un indio a caballo en el horizonte. Bell Rock, the Chapel… De ahí a Flagstaff por la ruta 66 hasta Cameron donde dormiremos.

Día 2: Visita al Gran Cañón. Mientras el sol calienta sobre nuestras cabezas vemos como la tierra se va abriendo a medida que nos acercamos a esta maravilla de la naturaleza. Ha salido en numerosas películas, ha sido fotografiado hasta la saciedad, incluso de han cantado canciones sobre este valle. Pero nada se compara a la primera visión que uno tiene cuando deja la carretera, se baja del coche y contempla este árido, pero todavía vivo, paisaje.

Ahí pasamos todo el día, paseando por sus caminos más sencillos (hay rutas para varios días, con mulos incluídos) hasta la puesta de sol. Los amarillos dejan paso a los rojos y ocres mientras la luz va cayendo mientras roza el horizonte. Y justo en ese momento sabes por qué ese lugar es tan especial, tanto como la persona que tengas a tu lado.

Ahí la temperatura empieza a bajar. En pocos minutos el frío se apodera de la noche marcando el momento de volver a la carretera. Rumbo a Williams, donde dormiremos. Aunque no sin antes hacer uso de su piscina climatizada y refrescar los gaznates con una buena espumosa.

Día 3: Sólo llevamos dos días por la Costa Oeste y el viaje ya ha merecido la pena. Lugares increíbles, buena compañía y un disco de buen rock sonando sin parar. Salimos de Williams rumbo a la ciudad del pecado, rumbo hacia Las Vegas. De camino visitamos la presa Hoover, una impresionante mole de hormigón que da energía y agua a todo el sur de California. También vemos nuevos desiertos, cada uno diferente, con sus matices, sus colores, su olor característico. Sus militares de entrenamiento.

Y llegamos a Las Vegas. Mientras la mitad del grupo disfruta de la piscina del hotel, Zyndaras y yo nos bajamos a las mesas de juego. Así se cumple uno de mis puntos en mi lista de cosas por hacer: “Sentarme en una mesa de Poker en Las Vegas” y no sólo eso sino que me llevé 25 pavos de recuerdo.

Luego un paseo por la ciudad: ofertas de chicas desnudas en cada esquina, sonidos de gente ganando dinero, luces y más luces. Visitamos los casinos más famosos: el Velagio, el Caesar´s, el Luxor… y vimos el espectáculo de luces, agua y música de la fuente del Velagio (con Sinatra cantando). Realmente una experiencia, pero al día siguiente había que volver a la carretera así que de nuevo a descansar.

Fin del Episodio I

Un abrazo, un beso, un saludo (y, que cada cual, elija lo que quiera)

Y, hoy, de regalo: